PUEBLOS CON MEMORIA

Una ruta por la memoria, una sensación de viajar al pasado, lugares donde parece que el tiempo se detuvo,

PATRIMONIO DESCONOCIDO

La provincia de Huesca tiene el dudoso honor de ser la provincia española con mayor número de pueblos deshabitados

Razones varias causaron la despoblación, construcción de embalses como en el caso de Búbal o Saqués, pero principalmente la emigración a ciudades o pueblos más grandes durante los años 60 y 70 cuando las condiciones de vida en estos lugares eran realmente duras y la ciudad ofrecía trabajo y porvenir.

Una ruta por la memoria, una sensación de viajar al pasado, lugares donde parece que el tiempo se detuvo, donde la naturaleza ya sin domesticar ha tomado posesión de casas y caminos y ofrece un aspecto salvaje.

Y también ejemplos de recuperación, pueblos de nuevo habitados, donde vuelven a jugar niños en sus calles, donde se recuperan fiestas e iglesias. Lanuza, junto al embalse de su mismo nombre, cuya construcción forzó la expropiación y expulsión de sus habitantes, fue hace unos años objeto de recuperación por sus vecinos que comenzaron rehabilitando su iglesia y posteriormente cuando las tierras fueron revertidas a los antiguos pobladores, recuperando casa, plazas y fiestas, hoy es un pueblo en el que ha regresado la vida y varias familias viven allí durante todo el año. O Ibort, en las cercanías de Sabiñanigo, reconstruido por una asociación y habitado regularmente desde hace unos años con un proyecto de desarrollo sostenible y social ejemplar.

NUESTRO DESPOBLADOS

LA GUARGUERA, EL VALLE SILENCIOSO

El río Guarga da nombre a este valle, uno de los rincones menos conocidos y fuera de los circuitos habituales de los visitantes a la Comarca. Un valle escondido y silencioso, poco poblado que ofrece un recorrido diferente y una sensación de viaje al pasado.

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La carretera A1604 que va desde Lanave a los pies de la cara norte del puerto de Monrepós hasta Boltaña, es una vía secundaria, para ir recorriendo tranquilamente con las ventanillas bajadas y disfrutando de un paisaje sorprendente. Diferentes desvíos de la vía principal nos van llevando a pueblos, algunos de ellos abandonados, con sus casas derruidas y cubiertas por la vegetación. Otros con casas arregladas que son pobladas en tiempos de verano y vacaciones y algunos otros recuperados y habitados durante todo el año por quienes eligieron un retorno al campo como opción de vida.

 

Pedimos desde aquí que os acerquéis a estos lugares con respeto, respeto a la memoria de quienes aquí vivieron y de quienes lo hacen en la actualidad. Y que disfrutéis de la paz y tranquilidad que nos ofrecen. La mayoría de esos accesos son pistas forestales, algunas de ellas sólo son transitables con vehículo todoterreno.

Cuando pasemos por el Molino de Villobas en la misma carretera, un desvío a la izquierda nos lleva por un camino al núcleo abandonado de Villobas, son 2 km que podemos hacer caminando o en el coche. Todavía se puede observar la iglesia del s.XVIII, separada del pueblo, diferentes bordas, el pozo o una herrería, testigos de que un día aquí la vida fluía.

 

Unos kilómetros más adelante en el desvío hacia el pueblo de Cerésola, caminando unos 600 metros llegaremos a la ermita de San Urbez, enclavada en una cueva y rodeada de vegetación en un hermoso rincón que seguro nos sorprende. Seguimos nuestra ruta y a la derecha una pista forestal en buen estado nos llevará después de 3 kilométros hasta Aineto, un pueblo recuperado por un grupo de personas que han conseguido devolver la vida a un lugar que cuenta con unos 30 habitantes y que desde hace unos años ha recuperado la escuela.

Y así poco a poco vamos descubriendo lugares, la ruta atraviesa el pueblo de Laguarta también de nuevo habitado y adonde llegó la luz sólo hace unos pocos años. La carretera va casi todo el tiempo junto al río, os recomendamos parar y bajar a sus orillas, en verano podéis daros un agradable chapuzón.

OLIVÁN - BERBUSA - AINIELLE

Recorreremos el sendero PRHU3, bien señalizado, que discurre por las tierras del Sobrepuerto y que nos llevará hasta Ainielle, pueblo deshabitado conocido por ser el lugar dónde está ambientada la novela de Julio Llamazares “La lluvia amarilla”.

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En la novela se relatan los últimos días de los habitantes de este pueblo antes de ser abandonado, lectura que recomendamos previamente a la realización de la excursión.

El sendero parte desde el pueblo de Oliván, preciosa localidad ubicada mirando al sur, cruza el barranco y tomando el desvío a la izquierda que nos dirige hacia Berbusa, pueblo deshabitado por el que podemos pasear y descubrir como los antiguos habitantes vivían en perfecta sintonía y equilibrio con el medio natural. Escasamente un par de casas quedan todavía en pie, la maleza ocupa lo que antes fueron viviendas, pajares, escuela….

El sendero continúa aguas arriba hasta el barranco de Ainielle dónde tomamos el viejo camino de herradura que con magníficas vistas nos llevará hasta que en un recodo y casi sin darnos cuenta aparece Ainielle como en un sueño, con sus casas caídas y la sensación de habernos trasladado al pasado. Casi podemos imaginar cómo era la vida aquí, dureza, intensidad, aislamiento, pero también fortaleza, orgullo, solidaridad son las palabras que nos vienen a la cabeza siempre que visitamos este lugar

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